Vamos. Despierta. Te lo mando. Configúrate de palabras. Deja esa nada en la que ya no puedes estar y ven aquí, conmigo. Sé lo que puedas; monstruo o niño, qué más da. No esperes otro creador pues sólo por mí podrás ser. Tu realidad será ficticia, pero será. Hombre como yo, sufrirás. Perdóname, es necesario, es inherente. ¿Por qué? Aún no tienes rostro y ya preguntas. Sí, eres tú a quien busco. Sufrirás por ser un estereotipo, serás el personaje al cual el autor le revela su condición bíblica. Ese serás. Fatídicamente te subvertirás y con tu último estertor de libertad maldecirás a tu creador. ¿Cómo? Bueno... Podrás elegir hacerlo poéticamente (rompiendo un espejo o creando tú mismo un personaje) o filosóficamente (planteando la posibilidad de que yo, tu creador, sea una consecuencia de ti, pues mi condición de autor sólo podría provenir de mi obra ya realizada y jamás antecederla). Pero... ¿qué haces...? Regresa, te lo ordeno. Ven y revélate. Está escrito...
El casero usó su llave para entrar en la habitación del inquilino desaparecido. Todo estaba en un tolerable estado de limpieza y no hubo sorpresas desagradables. Vio ropa, vajilla, una frazada, papeles garabateados y otros en blanco. Nada de aquello compensaría el mes de renta. Decidió que aumentaría la seña del próximo ocupante mientras hurgaba vanamente por el cuarto para enriquecer el inventario.
Sos un gran escritor ,admiro como escribis ,tu discurso poetico invita a despojarse ,creas una especie de borramiento del emisor .Me encanta como haces esa profundizacion de la ironia HACIENDO QUE LA PALABRA ALCANCE UNA EXTRICTA IDENTIFICACIÓN CON LO NOMBRADO. TUS PALABRAS ME REMITEN AL SILENCIO FIN ULTIMO DE LA LITERATURA.
ResponderEliminargracias