viernes, 11 de febrero de 2011

10 años de marcha sobre Rusia. Narrativa

Fragmento

Tapa-JH-10-años-de-marcha-sobre-Rusia-copiaMe dirigí al desconocido, quien ahora contemplaba curioso al bulto sin identificar; a él sí que pude verlo con claridad, y por primera vez. Pero la impresión resultante fue más bien pobre: se trataba de un hombre alto, flaco, y espantosamente pálido. Su palidez, además, no era una palidez normal, sino que era de una blancura lechosa, algo líquida incluso, con burbujas y grumos por doquier. Parecía tener esperma en lugar de piel. Al verlo con más detenimiento, noté que su piel se movía como un auténtico mar, con mareas que abultaban la piel aquí, y la hacían horriblemente escasa allí, mientras unos remolinos llenos de olitas giraban en torno a dos ojos enfermizos. Ahora no parecía esperma, sino lava, una lava de color blanco vómito. Al final desvié la vista, asqueado, amén de un poco asustado. No era para menos: ¿qué estaba pasando, y qué pasaría a continuación?
El desconocido entonces rió y me dijo:
—Bueno, voy arriba a dejarme la barba. –Y al ver mi total incomprensión, me guiñó un ojo cómplice y añadió:
—Ya sabes, Rusia.

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Menos. Narrativa

devaneo *14

Espera en la sala de espera del dentista. Hay un cuadro de Chagall en la pared. Reproducción barata. Espacio vacante suficiente para el devaneo efímero. Palabras evanescentes en la cabeza de Debret Viana.

Hay en quienes pienso muy seguido. En Modigliani, en Caravaggio, en Vincent. En Munch. Y hay otros en quienes no pienso nunca. No se me ocurriría pensar en Ingres, ni en David. Tampoco en Monet. Pienso cada tanto en Gauguin, pero no me cae bien. Siempre decido en su contra. Aunque prefiero su escritura a sus cuadros. Pienso más bien en Munch, en Chagall, en Blake. No pienso en Moreau, por ejemplo. Pero me gusta decir Gustav Moreau. Pero me acuerdo que Degas dijo que Moreau pretendía revelarnos el arte a través de la bijouterie. Me río cuando recuerdo eso. Sobre Degas tampoco pensaría, a no ser por Valery. Esas asociaciones son comunes. Pienso en Matisse y en Einstein por culpa de Picasso, pienso en Duchamp porque todo el arte se fue a la mierda, pienso en Piranesi por Kafka. Cuando pienso en El Bosco, eso no ocurre. No pienso en nadie más, ni devengo en él desde ninguna parte. Cada tanto llego a Klimt. Me satisface. Más el color que el tema. Menos el lienzo que la paleta. No pienso mucho en Dalí, salvo por Lorca. Tampoco en de Chirico, un poco más en Miró, pero muy poco. De los españoles, vuelvo siempre a Goya. Más a los grabados que a otra parte. Goya me sirve. Es un soporte efectivo para mis ideas. Pero es mucho más que eso, y lo aprecio, aunque a veces me cuesta disociarlo. La perfección de las meninas ya me agotó hace tiempo, si es que alguna vez, fuera de Foucault, me importó algo. Prefiero la bruma, y la imprecisión. Fiedrich, por ejemplo. O la luz en Turner. Tal vez sea el único inglés que me hable. De Constable, solo los cielos. Y poco más. Ilustradores sí. Beardsley sobre todo. La sangre de Beardsley, y sus sátiros. Aunque con Salomé me basta. No me pregunto si en verdad me gustan esas ilustraciones, o es algo que deviene de amar a Wilde. No me importan las gordas de Botero. Tengo un par de posters en la casa de Kandinsky. Paso rápido Rafael y Masaccio. Me demoro en Michelangelo, y nunca lo abarco. No es muy largo el rato que disfruto de Gorz. Sí me atrae el morbo erótico/homicida de Schiele. Pero soy del trazo violento de Vincent, de los ojos insondables y los cuellos largos de Modigliani, del azul largo y frío de Munch, y sus caras desencajadas, de las noches de Chagall, y de la oscuridad perfecta de Rembrandt, que labró la tiniebla hasta parir la luz más fina y exacta. Esa luz ha sido erradicada de la posmodernidad. A veces, las noches vacías, en el empedrado de San Telmo, o en mitad del centro de la profunda madrugada en mi habitación, iluminada por la luz amarillenta del living, que llega a través de una levisima abertura de la puerta entreabierta, grieta efímera por la que viaja el privilegio de la anacronía, etc.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Circungrafía. Narrativa

                              Tres de julio

Vamos. Despierta. Te lo mando. Configúrate de palabras. Deja esa nada en la que ya no puedes estar y ven aquí, conmigo. Sé lo que puedas; monstruo o niño, qué más da. No esperes otro creador pues sólo por mí podrás ser. Tu realidad será ficticia, pero será. Hombre como yo, sufrirás. Perdóname, es necesario, es inherente. ¿Por qué? Aún no tienes rostro y ya preguntas. Sí, eres tú a quien busco. Sufrirás por ser un estereotipo, serás el perso­naje al cual el autor le revela su condición bíblica. Ese serás. Fatídicamente te subvertirás y con tu último estertor de libertad maldecirás a tu creador. ¿Cómo? Bueno... Podrás elegir hacerlo poéticamente (rompiendo un espejo o creando tú mismo un personaje) o filosóficamente (planteando la posibilidad de que yo, tu creador, sea una conse­cuencia de ti, pues mi condición de autor sólo podría provenir de mi obra ya realizada y jamás antecederla). Pero... ¿qué ha­ces...? Regresa, te lo ordeno. Ven y revélate. Está escrito...

El casero usó su llave para entrar en la habitación del inquilino desaparecido. Todo estaba en un tolerable estado de limpieza y no hubo sorpresas desagradables. Vio ropa, vajilla, una frazada, papeles garabateados y otros en blanco. Nada de aquello compensaría el mes de renta. Decidió que aumentaría la seña del próximo ocupante mientras hurgaba vanamente por el cuarto para enriquecer el inventario.

miércoles, 1 de julio de 2009

La luz en la cuchara. Poesía

Poema A
 
Siempre he tenido esta imagen
y quiero saber de dónde viene
porque de donde viene vengo yo.
 
Entonces, este lugar
no se definía por la distancia,
pues era in distante.
Era luz trasvasada en los objetos:
astral, medular.
Luna sin menguantes.
Y Una loma coronaba el interludio.
Allí plantado un árbol bonsái
rectificaba su sombra
tendida hacia las figuras del infinito.
Yo bajo bonsái también tendido
en un descanso indefinido.
Activo en renombrar
aquel pueblo que era mío.
Pueblo sin arena, sin desierto.
Pueblo verde de sol oblicuo.
Tierra oxigena y clorofila.
Luz de silencio alargada
por los extremos hacia adentro.
Por los extremos hacia un des-terreno.
Pues lugar estaba dentro
y en el adentro no cabe un siglo.
Caben miríadas de mis ojos
tendidos hacia arriba.
Sin mañana, sin nube.
Solo sol en la penumbra.
Y en la amalgama innumerable
del sin momento no estaba tu nombre,
no había talla ni abrigo.
No recuerdo.
Por eso luz
que abre este paisaje adentro.
 
Pero esto sucedió
una y otra vez
bajo la piedra azul
del cielo.

lunes, 1 de junio de 2009

Puente colgante. Poesía

Sombras

 

Deseos

que se vuelven

ilusiones

desvanecidas

antes de

amanecer.

Noche

que oculta

en sus sombras

tu figura.

Hay otra

noche

es mi noche.

Sombra

de tu sombra.

 

Evocación

 

Tu silueta

a contra luz

evoca

algo

dormido

al llegarme

desde la otra

orilla

del río.

 

Aquellas

 

Aquellas

tu sombra

mi sombra

nuestras

sombras

perdidas

en el cenit.

jueves, 26 de febrero de 2009

Los Ineptos. Teatro

Los Ineptos. Acto Segundo. Escena primera

(La HIJA está sentada en un banco de plaza, nerviosa. Tiene un libro en las manos. Se fija en su reloj de pulsera. Mira repetidas veces hacia su derecha.)
HIJA –(Luego de un rato se para.) Mejor me voy. Mi padre tenía razón, nunca tendría que haber venido (Vuelve a mirar su reloj.) Huye; es un cobarde. (Pausa.) Lo conozco hace dos semanas y siempre lo mismo.
VOZ EN OFF DE JOSÉ –Amor... (Entrando.)
HIJA –(Va a su encuentro y lo abraza.) Ya pensaba que no venías. (Se sientan.) ¿Qué pasó?
JOSÉ –El colectivo se demoró. (Larga pausa.) ¿Te querés casar conmigo?
HIJA –(Pausa.) Sí, a mí me gustaría, pero te falta un brazo, no estás entero.
JOSÉ –Sí, sólo recupero mi brazo cuando estoy soñando, pero yo siempre sueño con vos.
HIJA –No sólo de sueños vive el hombre. Despertáte. (Pausa.) Yo te amo, pero...
JOSÉ –Ya ves, el amor es un sueño que soñamos despiertos.
HIJA –Sí, José. Pero un día me despierto y sólo voy a encontrar a mi lado un hombre al que le falta un brazo. Tenés que entenderme, no es fácil para mí. (Pausa.) Además hay otras cosas que nos separan. Yo soy una mujer apta.
JOSÉ –¿Y eso qué tiene que ver con el amor?
HIJA –El gobierno mira con malos ojos la relación entre una mujer apta y un inepto, y vos lo sabés.
JOSÉ –Pero el gobierno no puede ser más grande que el amor que sentimos el uno por el otro.
HIJA –Quizás no sea más grande, pero es más resistente. Cuando nuestro amor se haya agotado el gobierno aún estará ahí, censurándonos.
JOSÉ –Pero también es posible que el gobierno se extinga, que el día de mañana no haya más gobierno.
HIJA –(Acariciándolo.) Estás soñando, José. El gobierno siempre va a estar ahí.
JOSÉ –No si lo puedo evitar.
HIJA –(Se para.) ¿Qué decís?
JOSÉ –(La toma del brazo y también se para.) Lo que escuchaste. Voy a luchar para que nunca más haya gobierno. No se van a interponer en nuestro amor.
HIJA –(Pausa.) Te amo, José. Pero sos inepto, te falta un brazo, y encima luchás en contra del gobierno que mis propios padres defienden ¿Qué le podés dar a una mujer como yo? (Se sientan. Él intenta darle un beso, pero es rechazado. Se enciende una luz tenue que cae desde la derecha.)
JOSÉ –(Mirando la luz, elevando su mano hacia ella.) Mirá la luna. Qué linda que es. (Ella, indiferente, mira a cualquier lado.) Mirá como sube, mirá como nos alumbra. Es casi tan bella como vos...
HIJA –(Interrumpiendo.) ¡Siempre el mismo romántico! La luna es como una mariposa; sólo es linda cuando la ves de lejos. Es una roca fría; no tiene ríos, no tiene mares, no tiene bancos de plaza ni enamorados que los ocupen. (Pausa.)